La vecina tiende a ser un misterio como, supongo, cualquier vecino que se precie de serlo. Y de todas las extrañezas que tiene el vivir junto a alguien, la observación de la ropa tendida me parece la que más tiende a oscurecer cualquier significado. Esas prendas ahí, muertas. Esos lazos, que nadie acierta a poner de una forma que más o menos tenga sentido. Esa exhibición de nuestra propia posibilidad de stásis, de languidez. Toda muerte puede evocarse en un tendedero.






