Enero 22nd, 2007


22
Ene 07

Diabulus in Musica*

J’ai plus de souvenirs que si j’avais mille ans.
Charles Baudelaire

Ser devueltos a la fibra de la noche. Contemplando en el ensimismamiento de mis años (los mil años que me contemplan) toda rebeldía, todo fervor que en sí mismo se aferre a la revuelta. Que dios sufra al vernos con esta determinación a volver a la quintaesencia. Que nunca se nos escape una fórmula de amor por los labios; que si se escapa, signifique algo. Abrir los labios para recibir un beso porno y conmovido, un beso presto y diez años menor que uno. Adivinar bajo el suéter de ella un arrebato de infortunio; como si de pronto se diera cuenta de que importo, aunque no. Amar como sólo pueden amar los que van a morir. Amar como sólo pueden amar los que miran morir a su amor. Dedicarnos con oficio de generales a la dictadura del tiempo y de la tristeza. Dedicarle un no en carne viva al deseo de poseer, al deseo de que todo permanezca. Zanjar con un movimiento de mano todo coqueteo del tiempo. Un barril lleno de pólvora en nuestro corazón, un arma en nuestra mano, destinada sólo a arrebatarnos a nosotros el último deseo de permanencia. Un libro triste velándonos los ojos, ocultando a los vulgares la debacle de nuestro llanto. Abrir las manos para recibir la carretera, para abordar el viaje, para las mil leguas de invierno que esperan nuestro paso. Calcular en las manos del viento una posibilidad, o un mar de ellas. Hundir el barco en ese mar, urdir la tregua salvaje de masticar nuestro desencanto. Volar las campanas a muerto, las batallas a muerto, las conclusiones a muerto. Desencajar las pupilas de una virgen impaciente. Derribar las exclusas que detienen nuestra historia de inundaciones. Arribar al llanto como sólo arriban los que están a punto de partir.

Partir como niños dibujantes a una imagen de nosotros: partir hacia la bala, hacia la horca, hacia la guerra. Un puente. Un salto. Un Cuchillo. Un tajo.

Un hogar en llamas. Un diablo en la música.

*En la teoría musical antigua, particularmente durante el medievo, se aplicaba el nombre de “Diabulus in Musica” al tritono (el intervalo de la cuarta aumentada -por ejemplo: do-fa#- o de la quinta disminuida -por ejemplo: do-sol bemol). En esta época, se consideraba que este intervalo era especialmente disonante; era el intervalo prohibido, una violación a las matemáticas “perfectas” que dominaban el mundo.


22
Ene 07

Cosas que he perdido en el fuego

un racimo de flores que decían adiós. una estela antigua, de millares de reflejos. un azadón y un almohadón de pluma (sin dimensiones monstruosas, sin adelanto de la muerte). una muñeca inflable, calcinada por la luz ciega de mi estadía. la inocencia de mis brazos, que han quedado marcados por la indecencia de mis años. un viaje a costa de un boleto post-mortem, a costa de una carretera en círculos. la flaqueza de mi talante audaz, que tan débil y cobarde se ha mostrado. un par de intentos de suicidio, míos, y una multitud de intentos de los miles de otros que todos los días mueren por mí. un arco tensado. una flecha que vuela y muere en la tierra. la oportunidad de confirmar que todo eco de la vida es la afirmación de la muerte. o su reafirmación. una multitud de hijos que se resumen en una hija a la que soñaré de muerto y de toda eternidad posible. una delicia propia que se cayó en algún lugar del medio oriente. un derrame de vino en una etapa de abstinencia. el deslumbre de todo lo que oscurece. la salida de todo arribo imaginable. una antiquísima compañera que estaba dispuesta a saltar conmigo, y su despedida, y su indiferencia. un destello de cordura y un destello de destellos que se niegan. un árbol que me vio crecer y el mismo árbol que me vio perder y el mismo árbol que desearía que mi cuello se quebrara por su impulso (árbol de mañana, de interés bursátil, de acabada delincuencia). un avión que no iba a volar a ninguna parte. un destierro sin fiebre, un destierro sin tierra, un destierro con toda la tierra posible. la posibilidad del amor. la posibilidad del desamor. la posibilidad de pensar que ni lo uno ni lo otro existen. un muro de hormigón que se conmovía cada vez que caía una bomba, o que una mujer apoyaba su cabeza contra él, o que mi hija corría a mi regazo como una certeza absoluta. una sombra que soy yo mismo, en mi indiferencia, en la mía, en la intransferible indiferencia que

nunca he perdido.