Abril, 2005


24
Abr 05

perder

sálvame. sálvame de verme, débil y poco misericordioso. de atarme a mí como mi propio lastre, como mi talón de aquiles. de atorarme con las puertas y con los puertos. de este atajo que es mi mente, de esta vileza que es mi voz. de las horas llanas en que corrijo a gritos los errores de dios. déjame conjurar en mí todo lo que odio, todo lo que me ata, y déjame matarlo a chuchilladas, a dentelladas de perro. déjame ver mi Ítaca de lejos. aspirar con fruición los restos del naufragio.

mis manos matan indiscriminadamente. se regocijan en la sangre, en el coño, en el conteo de cadáveres. no puedo sino sentir amargura al verme: el muerto tendido, el corazón frío, la mirada anárquica que se posterga. siguen sonándome campanadas a muerto: se dan en el frío, en el descontento, en la rendición.

¿cómo bajar las armas, cómo rendir cuentas? virgen como una manto henchido, mi intelecto se deja amar por las debilidades de otros. soy el líder de los ciegos y mi misión es suicida.

perdóneme, su majestad: perdimos el castillo.


19
Abr 05


morir.

como una palabra en la boca de un niño.

sólo pienso en morir.


16
Abr 05

que no hay remedio

la desesperación no tiene nombre ni apellidos. es peregrina, salamera, endulza la muerte. no tiene dios ni beso en la mejilla. no ama cotidianamente. a veces desliza una idea inteligente pero luego le prende fuego con prisa, o con halago, o con facilidad. se oprime el pecho como si fuera un ángel con corpiño. tiene bragas de estrella y liguero y medias rotas.

la desesperación no desespera. es paciente, constante y estudió administración de empresas. tiene debilidad por las copas de vino, por las zonas rojas, por las putas, o por los directores de series gringas. la desesperación es un chulo que te mata a carcajadas, o a besos paternales, o a puntapiés con mala suerte. la desesperación es un marciano venido a menos, un capitán de naufragio y palo alto. se deja querer, a veces, cuando se siente uno suicida. se deja caer de espaldas en tu cama, te dice que te ama; y que no hay remedio te lo dice mientras te jode.

cuento en mí desesperaciones sin número, sin ventaja, sin freno. cuento en mí cada rasgo que no coincide, cada respuesta postergada. cierta parte de mí es invisible para todos. es la parte desesperada, supongo; la parte que viene vestida de bombero con carrito, la parte que se antoja de hojalata y gin and tonic.

afuera de un bar, la luna me espera reflejándose en el frío.


2
Abr 05

blank

qué pequeños los santos cuando se mueren. les cuelga saliva, la comisura de sus labios se vuelve un río entumecido de muerte y óleos y bastardos. abigarran su aureola con ese sentimiento pequeño del que muere, del que no es más, ese silencio de punto y aparte. los santos mueren como si ya hubieran resucitado mil veces, con esa carga de cruces y vigilias, con esa sonrisa de pasaporte al infierno, con esa cara de idiotas que sólo los santos saben hacer cuando mueren. los santos no mueren como muere un perro, sino más bien como muere una oración, como muere una línea de tren, como muere una película porno. qué verdosa es la muerte de un santo, qué multitud de estupideces se dicen al respecto, que agria la fé de los pecadores que le lloran, del interminable, irredento, famélico, jodido, perfectamente derrotado ejército de hijos de puta que le lloran y creen que eso les gana el cielo. “blank” diría alguien. una muerte perfectamente vacía en medio del vacío.

ojalá nunca mueras como un santo. ojalá mueras como una hoguera, como una actriz porno, como un ángel de la guardia en un baño de estación de camiones. como un traficante de sonrisas.