Febrero, 2005


25
Feb 05

Cambio

Tiene que cambiar. Cambiar como las bragas cada noche. Como el discurso, como la plaga, como se muta la muerte. Tiene que ser sutil y oscuro y deseoso y desesperado. Asumir por un momento que no se conoce nada pero que tampoco se quiere conocer. Cambiarse como de ropa, como de médico, como de religión o pista de circo. Con ese movimiento sutil de los intestinos que cambian la materia en nada. Iluminando su propia pérdida, su propio veneno, con razonamientos insensatos, que luego, claro, pueden cambiarse. Derrotar lo que uno mismo tiene de ajeno; de otro. Cambia el día de número, de hora, de mes y de maitines. Se desliza por el costado más lejano de los muslos. Se pasea por las nalgas con timidez de niña que sueña con un dedo en la entrepierna y que se imagina virgen como puta. Se llama “cambiar”; un nombre caníbal y timorato. Un nombre que a cada paso cambia de sentido, cambia lo que nombra.

Y se dice portento, como si no fuera morir un poco. Como si vender un cuchillo ensangrentado a un carnicero no fuera una redundancia. Se ilumina como revelación pero no es sino apagón de uno mismo. Cambio es como un hachazo en el árbol. Derriba hojas secas y eras y entrepaños. Tiene que ver con la forma, con las toallas femeninas, con los regímenes alimenticios. Tiene que ver con bibliotecas en llamas, con nazis en tanques, con estadios de fútbol. Es una guerra pero, más aún, es un cementerio.

Cambio no es una palabra: es una puta. Baila en los discursos de los políticos, de los polícías, de los polizontes, de los politburóes, de los conglomerados. Es una puta que se impone, que te cobra sonriendo, que no se apena pero que tiene cierto encanto aniñado. Se ladea y en el costado tiene una llaga, una lanza, una corona de espinas. Se ladea, y es un barco, una tormenta; pero no lo es. Se ladea, y pretende para sí revoluciones, admiraciones, aplausos; pero no los quiere.

Cambio no es una palabra: es un producto. Y el producto cambia: si lo miras de noche, puede incluso darte miedo.


24
Feb 05

Cambios

Poco visibles, pero notables. Acabo de cambiar el hosting de www.danielivan.tk a, digamos, el servidor de la casa, www.elcuervoenelhombro.com. Ustedes no verán nada que no hayan visto. es el problema con los cambios virtuales, que al final sólo queda entre uno y una larga línea de unos y de ceros.


5
Feb 05

cadáveres

es la invocación del cadáver. lo vivo se corrompe; yo mismo me corrompo en mil pequeños pedazos que no acierto a nombrar: podrían ser gusanos, o los versículos de una biblia. carroña.

atónito, me deslizo en tu quebranto. tu sangre me cae como casual, como dejando ver una amenaza y una fiesta. me atrevo a meter la lengua y se desliza en mí todo lo que en ti es quebranto, llanto y libros que haz ojeado. me atrevo a ver tu cuerpo: es mi lengua adornada con el clamor de tu culo, de tus labios, del sepulcro amenazando con un nacimiento.

cuántos muertos podemos ser. de cuántas violencias seremos ruínas.

y todo en mí se vuelve erección y viejos bailando twist. todo en mí quiere ser tu hijo y tu quebranto y tu puta y tu matiné y un poco tu sonrisa. te devuelvo la promesa que nunca hiciste: recordar los amores que nunca tuvimos, recordarnos mutuamente como un hueco, como una ausencia, como el sexo oral que nos enmudece, como un dedo en los labios y otro en el gatillo. como mi verga en tu boca mientras el papa se nos muere. como mi verga salpicando tu sonrisa y tu lengua regresando a mí por más. como los dos, amarrados, llenos de tu sangre y mirándonos atónitos y con cierta carga de respeto.

recuerdo que somos los muertos. nos hartamos del beso y le ponemos oscuridad. beso negro, como si en cada labio y en cada pliegue y en cada labio y en cada segundo invocáramos al diablo.

que no quede rastro de nosotros. apuesto que eso dirías. que no quede decencia ni angustia ni virgen ni coartada. no tomen prisioneros. el botín somos nosotros, la guerra la declaramos nosotros, y no nos espera ninguna penélope espantada.

somos tú y yo, los cadáveres que somos.

de pronto muero, al pensarte. y luego me masturbo.