Y el año nuevo llegó.
El nuevo milenio.
Sólo un día más en toda una vida de días similares.
Pero cada uno de ellos lleno a tope de posibilidades.
La posibilidad del desastre.
Y la posibilidad de la perfección.

Estar entre ellos de nuevo era bueno.
Los inocentes y los culpables.
Todos igualmente indefensos.
Todos perfectamente perdidos.
Y, aunque fuera espantoso admitirlo,
todos mereciendo el perdón.

¿Qué va a ser de ellos?, me pregunto.
¿En otros 100 años van a nacer todos en probetas?
¿O tal vez van a evolucionar en computadoras,
para formar grupos de máquinas de inteligencia artificial sin cuerpo?
¿Van a recordar quién fui yo?
¿Van a recordar lo que dije?
¿Eso va a importar?
Tal vez alguien más va a venir y va a decir más o menos las mismas cosas.
¿Alguien lo tomaría en cuenta?

¿En 100 años van a vivir en otro planeta?
¿Va a seguir existiendo la tierra?
¿Van a diseñarse a sí mismos genéticamente para que la enfermedad sea cosa del pasado?
¿Van a convertirse todos en una sola raza gigante y multiétnica?
¿Van a descubrir el secreto del Universo?
¿Dios?
¿Van a convertirse en Dioses ellos mismos?
¿Qué van a comer?
¿En qué clase de casas van a vivir?

Las ciudades, imagínatelo,
¿cómo podrían llegar a ser?
¿Van a tener que seguir yendo a trabajar cada día?
¿Cómo se van a vestir en el futuro?
¿Llegarán a ser tan inteligentes como pueden llegar a ser?
¿Y ser más inteligentes los va a hacer más felices?
¿Van a hablar todos el mismo idioma en el futuro?
¿Van a hacer el amor?
Tal vez va a llegar a haber más de dos sexos.
¿Van a seguir creyendo que la vida es sagrada?
¿Eso va a importar?

¿Nosotros importamos?

Jesucristo (en “The Book of Life”, película de Hal Hartley. Traducción de Daniel Iván)

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Soy un Artista Multidisciplinario. Me apasiona lo visual, las palabras y la música. Trato de tener algo de eso cada día de mi vida.

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